Guatemala, 2026. Garantizar el acceso a alimentos seguros, nutritivos y
sostenibles representa uno de los principales desafíos del sistema alimentario global.
En ese escenario, la proteína ocupa un lugar central para la salud y el bienestar de las
personas. Se trata de un macronutriente indispensable para el desarrollo y
mantenimiento de los tejidos, la salud ósea, el fortalecimiento del sistema inmunitario y
el adecuado funcionamiento del organismo.
Este desafío se intensifica ante las proyecciones demográficas de las próximas
décadas. Hacia 2030, la población mundial aumentará en cerca de 500 millones de
personas y millones podrían enfrentar inseguridad alimentaria. El contexto exige
sistemas capaces de incrementar la producción de alimentos de forma eficiente y
sostenible, sin comprometer la calidad ni la inocuidad.
“En Cargill operamos con altos estándares de seguridad, transparencia y
responsabilidad para ofrecer proteínas confiables y producidas de manera sostenible,
contribuyendo así a que las personas accedan a alimentos que respaldan una nutrición
adecuada y una mejor calidad de vida.”, señaló Verónica Castro, vicepresidenta y
directora ejecutiva en Centroamérica de Cargill Food Latinoamérica.
La proteína en las decisiones de consumo
La relevancia de la proteína no responde solo a un desafío de disponibilidad. También
se vincula con una prioridad creciente en las decisiones de consumo. De acuerdo con
la investigación TrendTracker 2025 de Cargill, el 61% de los consumidores afirma haber
incrementado su ingesta de proteína, impulsado por su aporte nutricional, su capacidad
de generar saciedad y su contribución a la energía diaria.
Este nutriente se asocia además con beneficios funcionales valorados por los
consumidores, como el manejo del peso, la mejora de la energía física y el
fortalecimiento de la salud ósea. Estas percepciones influyen de forma directa en la
demanda y en la configuración de las dietas contemporáneas.
Dentro de este panorama, la proteína avícola se consolida como una de las fuentes
más relevantes para la nutrición global. Su perfil nutricional y su economía la
posicionan como una alternativa clave. Proyecciones de la OCDE y la FAO 1 indican que
el consumo mundial de carne de aves de corral alcanzará 173 millones de toneladas
listas para cocinarse hacia 2034 y representará el 62% del crecimiento adicional del
consumo de carne a nivel global.
Para ese mismo año, este tipo de carne aportará el 45% de la proteína consumida de
todas las fuentes cárnicas. Este crecimiento se explica por su menor costo relativo y
por una proporción favorable entre proteína y grasa, factores determinantes para
amplios segmentos de la población.
La diversificación de las fuentes de proteína resulta esencial para fortalecer la
seguridad alimentaria y responder a las distintas necesidades nutricionales de la
población. Los consumidores valoran cada vez más opciones nutricionalmente densas,
completas en aminoácidos, fáciles de digerir y producidas bajo estándares rigurosos de
inocuidad y responsabilidad a lo largo de toda la cadena alimentaria.
Fortalecer la producción responsable de proteínas accesibles y de alta calidad se
vuelve una prioridad estratégica para los sistemas alimentarios. Por su eficiencia, valor
nutricional y aporte a la seguridad alimentaria, la proteína avícola seguirá
desempeñando un rol clave para responder a las necesidades de una población en
crecimiento.
